Le Corbusier: casas que vuelan, casas que pesan.
Para Le Corbusier los aviones fueron una pasión. Llegó a escribir un libro, y a pensar sus edificios como si fueran aviones. Su mayor obsesión fue elevar las casas del suelo, hacerlas en el aire, volando.
Un ejemplo es la Villa Saboya (1929), donde el cuerpo principal se eleva del suelo mediante pilotes, y el pequeño acceso y garaje de la planta baja se pinta de un color verde oscuro para hacerlo desaparecer.

Pero Le Corbusier también realizó edificios pegados al suelo, aplastados, representando su peso frente a la ligereza de sus casas elevadas del suelo. Un caso muy significativo es la iglesia de Ronchamp (1955), donde parece que las paredes se aplastan por el peso de la gran cúbierta.


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